EL DIOS DEL EGO


¿Cómo se manifiesta el dios del ego?
El ego se manifiesta de muchas maneras en nuestra vida pero queremos notar sólo algunas de ellas.
El ego tiende a querer dominar la conversación cuando estamos hablando con otra persona. La conversación gira alrededor de sí mismo; lo que yo he hecho, lo que puedo hacer, o lo que pienso, es decir, mi mundo. Cuando la otra persona trata de meter sus ideas, yo la interrumpo y sigo hablando de mis logros e ideas. 
El ego piensa en sí mismo. No tiene tiempo para otros. 
El ego también se manifiesta cuando yo me enojo o me impaciento con otras personas por cualquier cosa. Fácilmente me irrito y siento que están abusando de mis derechos. Eso no complace al ego, sino que me molesta y me irrita.
El ego se muestra cuando no acepto el consejo o la corrección que otra persona me quiere dar, y cuando no me gusta que otros se metan en mi vida. 
El ego es autosuficiente y no desea que otros interfieran con su agenda.
El ego también se manifiesta en el hecho de que no puedo perdonar a otro por algún mal que me ha hecho. En lugar de perdonar, el egoguarda rencor por muchos años, a veces por toda la vida, y piensa que está haciéndole un mal al otro en retribución por lo que el otro hizo. El ego no sabe que el daño mayor se lo está haciendo a sí mismo.

¿Qué podemos hacer con este dios del ego?
Jesús nos enseña claramente que el requisito para seguirle a él es negarnos a nosotros mismos: “Si alguno quiere venir en pos de niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). No nos habla necesariamente de privarnos de cosas que quisiéra­mos tener, aunque pudiera incluir eso, sino de una manera de vivir que él requiere de sus seguidores. Es un principio que debemos aplicar a nuestra vida en todo momento. El seguidor de Cristo debe renunciar a las demandas de su antiguo EGO porque éste ha sido crucificado junto con Cristo. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...’” (Gálatas 2:20). Ahora vivimos bajo un nuevo principio... un nuevo estilo... un nuevo rey que gobierna nuestra vida. Es Jesucristo el que gobierna nuestra vida y no nosotros mismos. Alguien dijo así: “Nadie puede hacerse más daño que amarse a sí mismo mas que a Dios”. Jesús dijo: “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí” (Mateo 10:38). En Juan 12:25 Jesús nos dice: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardara”. Para llevar fruto, el grano de trigo tiene que morir primero (Juan 12:24).
Hermano, si somos sinceros con nosotros mismos, tenemos que reconocer que una de las luchas más tenaces en nuestra vida es la lucha contra el ego (contra la carne, contra el egoísmo), y a favor de dejar que Dios tome completo control de nuestra vida.
Aun después de haberlo crucificado, el ego vuelve a aparecer y es necesario volver a tratar con él. El apóstol Pablo dice que él muere diariamente (1 Corintios 15:31). Es algo con lo que tenemos que tratar continuamente, pero de ello depende, en gran parte, que logremos la victoria cristiana en nuestra vida. Es un hecho que el ego milita constan­temente en contra de Jesucristo para que no ocupe el trono.
Para lograr la victoria sobre el ego en nuestra vida, recordemos que tenemos que tomar una decisión. Cuando nos enfrentamos con una situación hagámonos la pregunta: ¿Qué es lo que más le agradaría a Dios? ¿Qué le causaría una sonrisa de aprobación? No debemos basar la decisión sobre lo que nos complace a nosotros mismos. La diferencia entre estas dos opciones es determinada precisamente por quién está en el trono de nuestra vida. ¿Quién está al mando? Hermano, no puedes esperar el éxito de tu vida espiritual si hay competencia para el trono de tu vida. Dios no comparte el trono con otro. Si le das lugar al ego, Dios se aparta de ti, y frustras su plan para tu vida.
En conclusión, quiero hacerles unas preguntas personales:

1.      ¿Quién está en el trono de tu vida?
2.      En tu relación con los demás, ¿qué se manifiesta en cuanto al ego? ¿Está muerto o vivo?
3.      ¿Has tratado de servir al Señor y a la vez mantener el “yo” vivo y en pie?
4.      ¿Has sentido la frustración continua de fracasos, choques, derrotas y conflictos? ¿Está crucificado tu ego?
5.      ¿Has pensado sacar lo que puedes de la religión y a la vez mantener lo tuyo?
6.      ¿Sientas tú que todo el mundo está en tu contra? Pudiera ser que el ego está en pie.

Jesús dijo que no podremos ser sus discípulos se no estamos dispuestos a tratar con el dios del ego. Para ser sus discípulos tenemos que crucificar el ego y sepultarlo.

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