EL AVIVAMIENTO EN COREA

     


    El Avivamiento en Corea fue un glorioso derramamiento del Espíritu Santo que comenzó en Mukden en febrero de 1908.

    


    Jonathan Goforth se sintió muy inspirado al leer sobre el Avivamiento en Gales en 1904-1906 , y tras haber presenciado personalmente el Avivamiento Coreano de 1907-1910 con el misionero presbiteriano William Blair, además de verse profundamente conmovido por la vida de oración de los coreanos, comenzó a orar por un movimiento similar en China.

    Al abandonar Corea, y de regreso a la provincia de Honan en China en el otoño de 1907, Goforth se detuvo en Mukden (actualmente Shenyang en la provincia de Liaoning) para compartir con un grupo de misioneros lo que había presenciado en Corea. Esos mismos misioneros le pidieron a Goforth que regresara en febrero del año siguiente para dirigir una semana de reuniones especiales.

    A su regreso a Mukden el 15 de febrero de 1908 para dirigir dos reuniones especiales por día, se encontró con oposición por parte de quienes lo hospedaban. También descubrió que no se habían realizado reuniones de oración organizadas previas a los servicios, como él había solicitado. 

    Muy angustiado después del primer servicio, Goforth oró esa noche, pidiéndole a Dios, ¿De qué me sirve venir aquí? Esta gente no te busca. No tienen ningún deseo de recibir bendiciones. ¿Qué puedo hacer?

    Goforth dijo entonces que escuchó una voz que le respondió directamente, ¿Es tu obra o la mía? ¿Acaso no puedo realizar una obra soberana?
    Entonces Jeremías 33:3 inundó su mente: Clama a mí y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y maravillosas que tú no conoces.

    A la mañana siguiente, antes del servicio matutino programado, uno de los ancianos chinos se reunió en privado con Goforth y le contó que, durante la Rebelión de los Bóxers, cuando todos los libros de contabilidad fueron destruidos en los disturbios e incendios, y siendo él el tesorero, quien además tenía a su disposición fondos de la iglesia que no se podían rastrear, se había quedado con una parte. Le dijo a Goforth que, tras el sermón de la noche anterior, lo atormentaba la conciencia y que la única forma de encontrar alivio sería confesando su pecado ante la congregación.

    Tras el sermón de Goforth aquella mañana, el anciano hizo su confesión, y después, muchos se conmovieron hasta las lágrimas y una profunda convicción se extendió entre los allí reunidos. Este nivel de convicción dio lugar a confesiones públicas que duraron cuatro días.

    Ante una multitud de entre 800 y 900 personas, un anciano confesó adulterio e inmediatamente renunció a su cargo. Acto seguido, todos los ancianos y diáconos hicieron lo mismo, tras confesar sus propios pecados. Declararon que, debido a su pecaminosidad, quedaban inhabilitados para el cargo de anciano. El pastor también se puso de pie, confesó su incapacidad para el puesto que ocupaba y, posteriormente, renunció.

    Al experimentar toda la congregación el mismo nivel de convicción, perdonaron de inmediato a los ancianos, diáconos y pastor, y los restituyeron en sus puestos de liderazgo.

    El avivamiento comenzó entonces a extenderse entre los misioneros, incluso entre aquellos que anteriormente se habían opuesto a la llegada de Goforth y a los servicios especiales que él dirigía, y que se habían mostrado indiferentes ante ella.

    En las propias palabras de Jonathan: 

"Escribo sobre el Avivamiento en Corea porque él tuvo un gran significado para mi vida. No conseguiré colocar en papel todo sobre los sacrificios y lo que alcanzaron los Cristianos en Corea sin sentirme avergonzado y sin quedarme pensando como hice tan poco por mi Señor y Maestro". 

"Vi, muchas veces, plateas de Cristianos chinos que lloraban de quebrantamiento al oír los relatos y las historias de este avivamiento. Si cualquiera de ustedes se diese cuenta con alguna regularidad de que “fuimos comprados por un precio”, ciertamente que también sucumbirían en humillación y vergüenza oyendo estas historias de los triunfos del Evangelio en Corea. Fue durante el año del Grande Avivamiento, en 1907, que tuve oportunidad de visitar a ocho de los mayores centros misioneros en Corea".

"Cuando regresé a China, compartí con los Cristianos Chinos en Mukden todos los hechos que presencié y todos fueron profundamente afectados con todo lo que oyeron. Fui para Pei Tai Ho y conté a los misioneros allí presentes como Dios estaba dando gracia a los Cristianos en Corea; vi, entonces, algunas lágrimas escurriendo por los rostros y a otros determinados a orar a Dios hasta que hubieran obtenido igual bendición en China. Después de eso, fui invitado a visitar Chi Kung Shan, otro campo misionero, para traer los relatos de lo que presencié en Corea. Conté las historias el domingo en la noche. Al terminar mi relato, me ocurrió que me había prolongado mucho en el sermón y concluí el culto con una bendición muy rápida. Pero, nadie se movió de sus asientos. Reinaba un silencio de muerte en la sala. Aquel silencio duró unos seis o siete minutos y, de pronto, el llanto que todos intentaban reprimir se esparció por la sala. Los pecados estaban siendo confesados abiertamente; pedidos de perdón eran hechos unos a los otros por impaciencias y faltas de respeto y muchos otros pecados. Ya era muy tarde cuando terminó el culto. Pero, todos habían sentido que el Espíritu Santo nos había visitado aquella vez, limpiando nuestro medio como refinando el oro por el fuego. Inmediatamente, tuvimos cuatro días dedicados a la oración y a las conferencias. Fue un tiempo muy bendecido y de los más maravillosos que alguna vez tuve oportunidad de presenciar entre misioneros. Decidimos que oraríamos todos los días a las cuatro de la tarde hasta que la Iglesia de China obtuviera igual Avivamiento". 
"En ese mismo Otoño, comenzamos a ver el poder de Dios en nuestro medio. Dios se manifestó entre el pueblo y el Avivamiento aumentó de proporción y calidad inmediatamente, en el año 1908 en Manchuria y en otros lugares".

    Para saber más acerca de Jonathan Goforth y el Avivamiento en Corea, lea el libro "Por mi Espíritu" y "Cuando el fuego del Espíritu Santo barrió Corea" escrito por Jonathan Goforth, disponible en el siguiente link (haga clic para obtener información sobre como comprarlo en todo el mundo).

    Con 244 páginas e incluye además la historia del Avivamiento en China, este es el libro más completo escrito por su propio protagonista.

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