jueves, 29 de diciembre de 2011

RECOMPENSAS CELESTIALES PARA LOS GANADORES DE ALMAS


por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (I Corintios 3:12-15).
La obra de cada Cristiano será probada. Lo que es permanente – oro, plata, y piedras preciosas – recibirán recompensa. Lo que es temporal – madera, heno, hojarasca – será quemada y destruida. Esto no se refiere a la salvación. Se refiere a las recompensas que alguna gente salva recibirá, y que otra no recibirá.
Algunos edificaron un edificio de iglesia bello y caro. Pero no tendrá valor eterno ni no es usado para ganar más almas. A menos que aumente el número de almas ganadas, el dinero, el tiempo, y la energía invertida en él no tendrán valor en el juicio de Cristo. ¡Quémala! ¡Quémala!
Otros edificaron una escuela. Ellos apoyaban la educación, la cultura, las artes, y las ciencias. Pero a menos que haya entrenado a la gente a ganar almas, no tendrá valor en el juicio de Cristo. ¡Quémala! ¡Quémala!
Todas las organizaciones, toda la obra administrativa del pastor, y los obreros de la Escuela Dominical y las secretarias, no tienen valor a menos que gane almas perdidas. De otro modo es madera, heno, y hojarasca.  ¡Quémala! ¡Quémala!
Una Escuela Dominical, una iglesia, cantar canciones, la obra de una denominación, aun enseñar la Biblia a los Cristianos – todo es temporal, sin fruto y sin recompensa en el juicio de Cristo amenos que resulte en ganar almas perdidas. ¡Quémala! ¡Quémala!  ¡Quémala!
I Corintios 3:15 dice: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”: Si dejas a amados ir al Infierno sin urgirlos a venir al Salvador, estarán todavía en el Infierno. Todo tu llanto no cambiará eso. Cristo quizá le hubiera perdonado, pero eso no cambia el hecho de que los amados están en el Infierno y no en el Cielo. Así que la felicidad de la recompensa del Cristiano durante el tribunal de Cristo dependerá principalmente del ganar almas. La única y sola razón porque Cristo murió en la Cruz fue para salvar almas. Aquellos Cristianos que ayudan a Jesús a hacer esa cosa principal serán recompensados más que aquellos que no ganaron almas.  Escucha “El Precio del Avivamiento” del Dr. Rice:
Tesoros mundanos, son vanos, se pierden, 
   Se van como niebla y marchitanse; 
Más almas ganadas con ruego y llanto 
   Quedarán en la siega eternal. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 

Llegando a la siega con heno, hojarasca, 
   Cuan triste será en el juicio allá, 
Sin nadie ganado al Señor Jesucristo 
   Que mostrar en la siega eternal. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 
(Traducción de “The Price of Revival” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).
Es mejor que cambiemos nuestra manera de pensar acerca de lo que realmente importa en la eternidad. Es mejor que pongamos nuestro corazón en cosas que no pasarán, y son de vital importancia en la eternidad.
¡Prefiero ser un simple ganador de almas y brillar como las estrellas a perpetua eternidad, que ser el hombre más rico o el más honrado en este mundo de hoy! Los grandes hombres en la eternidad no serán los Kennedy, los Bush, los Clinton o los Obama. ¡Los grandes hombres en la eternidad serán Whitefield, los Wesley, Spurgeon, Lloyd-Jones, John R. Rice, y los ganadores de almas completamente entregados!
Qué poco sentido tiene perder el tiempo y energía en cosas que muy pronto se irán, sin recompensa permanente. ¡La persona que busca vaciar el Infierno de sus posibles habitantes, es el que va a ser grande en el mundo venidero!
¡El ganador de almas, que da su tiempo, energía, dinero y oraciones para mantener personas fuera del Infierno, es sabio! ¡Y qué bendita será su recompensa! Él resplandecerá como el resplandor del firmamento. “Los que enseñan la justicia a la multitud [resplandecerán] como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3).

Del avivamiento, el precio por almas, 
   Las largas vigilias, el llanto, el dolor; 
Rogando al impío a quien no conoces, 
   El pago es la siega eternal. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 

Tesoros mundanos, son vanos, se pierden, 
   Se van como niebla y marchitanse; 
Más almas ganadas con ruego y llanto 
   Quedarán en la siega eternal. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 

Llegando a la siega con heno, hojarasca, 
   Cuan triste será en el juicio allá, 
Sin nadie ganado al Señor Jesucristo 
   Que mostrar en la siega eternal. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 

Los sabios resplandecerán como en el cielo 
   ¡El día del pago, al que almas ganó! 
Los que la multitud a Jesús llevaron 
   Como estrellas siempre brillarán. 
¡Cosecha, celestial cosecha! 
   Por almas ganadas aquí. 
(Traducción de “The Price of Revival” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).
Usado con permiso

martes, 13 de diciembre de 2011

LA CLASE DE HOMBRE QUE DIOS UTILIZA



Por Samuel Brengle
Hace poco conversaba con un comerciante cristiano quien me dijo la siguiente grande e importante verdad:
“La gente clama a Dios pidiendo que les utilice, pero él no puede hacerlo. No se han entregado a él; no son humildes ni enseñables, ni santos. Hay muchas personas que vienen a pedirme que les emplee en mi negocio, pero yo no puedo utilizarles; no son aptas para mi trabajo. Cuando necesito a alguien tengo que publicar un aviso; algunas veces me paso días buscando a un hombre idóneo para la clase de trabajo que deseo, y aun entonces, cuando lo encuentro, tengo que probarlo y ver si es que sirve o no para la clase de trabajo que quiero que haga”.
El hecho es que Dios está empleando a tantos como puede, y les utiliza hasta el máximo de la idoneidad que tienen para su servicio. De modo que en vez de orar pidiéndole a Dios que les utilice, la gente debiera examinarse y cerciorarse si son usables o no.
Dios no puede utilizar a cualquiera que se presenta, como no lo podía hacer el comerciante a quien acabo de referirme. Únicamente los santificados y preparados para el servicio del Maestro, y aquellos que están listos “para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21) son los que él puede bendecir haciéndoles de gran utilidad.
Dios necesita hombres y mujeres, y les busca por todas partes, pero como en el caso del comerciante, tiene que pasar por alto a centenares antes de encontrar a las personas aptas para lo que quiere. La Biblia dice: “Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2 Crónicas 16:9).
¡Oh, cuánto desea Dios utilizarles! , pero antes de pedirle otra vez que así lo haga, vean si su corazón es perfecto para con él. Si así lo es, pueden ustedes estar seguros que Dios demostrará su poder a favor de ustedes. ¡Alabado sea su bendito nombre!
Cuando Dios busca a un hombre para que trabaje en su viña, no pregunta: “¿Tiene grandes dotes naturales? ¿Es bien instruido? ¿Es buen cantor? ¿Es elocuente orador? ¿Puede hablar mucho?”

Sino más bien, pregunta: “¿Es su corazón perfecto hacia mí? ¿Es santo? ¿Ama mucho? ¿Está dispuesto a andar por la fe y no por la vista? ¿Me ama tanto, y tiene tal confianza en el amor que yo le tengo a él, que puede confiar en que yo le utilice aun cuando no vea ninguna señal de que yo le estoy utilizando? ¿Se cansará y desmayará cuando yo le corrija, con el objeto de hacerle más apto y más útil? ¿O exclamará, como Job: “Aunque él me matare, en él esperaré”? (Job 13:15). ¿Escudriña mi palabra y medita en ella de día y de noche, a fin de obrar de acuerdo con lo que hay escrito en ella? ¿O es porfiado y voluntarioso, como el caballo y la mula, los cuales es menester manejar con freno y riendas (Salmo 32:9), de tal modo que no puedo guiarle, fijando sobre él mis ojos? (Salmo 32:8). ¿Es un hombre que se afana por prender a los hombres, y por servir para esta vida, o está dispuesto a esperar su recompensa, y busca únicamente los honores que vienen de Dios? ¿Predica la Palabra de Dios, a tiempo y fuera de tiempo? (2 Timoteo 4:2). ¿Es humilde y manso de corazón?”
Cuando Dios encuentra a un hombre de esa clase, lo utiliza. Dios y dicho hombre se entenderán tan íntimamente, y mediará entre ambos tal simpatía, amor y confianza, que inmediatamente trabajarán juntos (2 Corintios 6:1).

jueves, 1 de diciembre de 2011

LA VIDA DE ORACION DE J.A. BRYAN DE BIRMINGHAM


La vida de oración del predicador presbiteriano J.A. Bryan de Birmingham afectó poderosamente a toda una ciudad norteamericana, historia que es resumida a continuación.  La misma fue escrita por Harry Denham, Secretario del Evangelismo de la Iglesia Metodista, quien conoció personalmente a este hombre extraordinario.
“En Birmingham, Alabama, donde nací y viví durante 45 años, el más famoso hombre no era el alcalde, ni el editor del gran diario de aquella ciudad, ni el presidente del gran banco de la ciudad, ni el presidente de la empresa Tennessee Coal, Iron, and Railroad Company (Empresa de Carbón, Hierro y Ferrocarril de Tennessee), que tenía 30,000 empleados.  El hombre más conocido fue el humilde predicador presbiteriano llamado J.A. Bryan.  Todos en Birmingham simplemente le llamaron “Hermano Bryan”.”
Siendo todavía joven, vino a Birmingham, la cual era una nueva ciudad en ese entonces.  No vino para minar carbono u otros minerales, ni para hacer cualquier trabajo físico.  Vino, como ha explicado muy bien Guillermo Stidger, egresado de la Universidad de Teología de Boston, para ser “un necio para Cristo”.  Esto es, de veras, la mejor forma describirlo.  Otros se han hecho necios para el oro, el placer, el prestigio, la educación o la política.  Pero, el hermano Bryan para Cristo era un necio.”
“Fue conocido como un hombre de oración.  Cuando falleció, los ciudadanos de Birmingham erigieron un monumento en memoria de él.  El monumento fue una piedra labrada con la forma de hermano Bryan, arrodillado, orando.  Tal como él era, la gente de esa gran ciudad industrializada quería recordarlo.”
“A la medianoche se podía encontrar al hermano Bryan en la parada de los carros eléctricos, orando con los trabajadores y conductores, cuando ellos arribaban a la parada, durante la noche.  De igual modo, oró con los trabajadores del tren en la mañana, antes que empezara la jornada.”
“Hermano Bryan consoló a más personas en sus tristezas que cualquier otro ministro de nuestra ciudad.  Fue conocido por todos; sin importar su prestigio, creencia, raza o finanzas.”
“Un día, él y yo estábamos en la esquina de la Segunda Avenida y 20 Calle, que es el punto de más tránsito de Birmingham.  Allí hermano Bryan oró con hombres y mujeres desamparados y necesitados.  En cierta ocasión, le vi sacar su sombrero negro que llevaba, y usarlo para atraer la atención del chofer de un automóvil de lujo.  El automóvil se paró, al igual como lo hacían todos para el hermano Bryan.  Unas mujeres de la alta sociedad estaban en el asiento de pasajeros, a las cuales preguntó el hermano Bryan: —¿Puedo orar con ustedes?  —Y como todos hacían para el hermano Bryan, le dieron su consentimiento.  Oró un ratito con ellas, se despidió y mandó al chofer que siguiese adelante.” “Condujo muchos servicios funerales.  A veces, solo él asistía esos servicios, a razón de que el difunto era un hombre pobre o poco conocido.” “El Hermano Bryan siempre anunciaba el evangelio en tales servicios.  Dijo que quizás iba a ser la única oportunidad que tuvieran algunos para escuchar un sermón.  En los mismos, siempre pidió al ministro ayudante compartir una oración.  Una cierta vez, un ministro joven oró largo tiempo durante el servicio.  Oraba y oraba y oraba, y por fin terminó.  El Hermano Bryan le aconsejó, diciendo: —Hermano, si oraras en otras ocasiones, no estarías tan atrasado en tu orar.” “A veces, el hermano Bryan llamó a otros por teléfono, pidiéndoles que orase con él por teléfono.  Siempre estaban agradecidos por esa oportunidad.  El Hermano Bryan oraba rápidamente, se despedía y llamaba a otra persona.  Podría contarles tantas historias similares acerca de él.”
“Un día su cansado corazón se paró.  Su cuerpo fue llevado al cementerio, no por un coche fúnebre, sino que por la ambulancia de los bomberos de la ciudad, porque se consideraba el capellán de la ciudad.  A lado de las calles desde su iglesia hasta el cementerio, tal distancia, siendo de cuatro kilómetros, había miles de personas, llorando sin timidez, durante su procesión fúnebre.  Así el Hombre de Oración de Birmingham fue enterrado en el hermoso Parque Elmwood.  Oró durante todos sus días que estuvo en la carne, y estoy seguro que sigue orando, viviendo en espíritu.”
(Este resumen se usa con autorización, tal como fue publicado en Wesleyan Methodist.)