
En mis viajes yo vine a Rawal Pindi, en el noroeste de India. ¿Qué piensan ocurrió ahí?
Algunas de las jóvenes de Pandita Ramabai fueron allí a acampar. Pero un poco antes de esto, Pandita Ramabai les había dicho a las muchachas, "Si hay alguna bendición en India, la podemos tener. Vamos a pedirle a Dios que nos diga que tenemos que hacer para tener la bendición."
Al leer su Biblia, ella se detuvo sobre el versículo, "Esperasen la promesa del Padre...Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros" (Hechos 1:4,8). "¡Un momento! ¡Qué, nosotros nunca hemos hecho esto!" exclamó ella. "Hemos orado, ¡pero nunca hemos esperado alguna bendición mayor hoy que la que tuvimos ayer!"
Oh, ¡cómo oraron!
Una junta de oración duró seis horas y, ¡qué bendición maravillosa derramó Dios en contestación a sus oraciones!
Mientras algunas de estas jóvenes estaban en Rawal Pindi, una misionera, mirando hacía afuera de su tienda como a medianoche, era sorprendida al ver una luz ardiendo en una de las tiendas de las muchachas --- una cosa muy contrario a las reglas. Yendo para corregir el asunto, halló a la más joven de las diez muchachas --- un niña de quince años --- arrodillada en la esquina más lejos de la tienda, con una pequeña vela de sebo en una mano y una lista de nombres para intercesión en la otra. Tenía 500 nombres en su lista --- 500 de las 1,500 muchachas en la escuela de Pandita Ramabai. Hora tras hora las estaba nombrando delante de Dios. No es maravilla que por dondequiera que esas jóvenes salían, la bendición de Dios bajaba, y sobre cualquiera por quienes esas jóvenes oraban.
Tomado de EL CRISTIANO ARRODILLADO Por Un Cristiano Desconocido
miércoles 18 de noviembre de 2009
La intercesión en la India
sábado 7 de noviembre de 2009
Se buscan discípulos

Por John Wesley
Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de los labios. Prov 4:24
¿En qué país viven los discípulos de Cristo? ¡Qué contados son! ¡Qué pocos hay en toda la redondez de la tierra! ¿Dónde encontraremos un grupo de hombres que siga la Escritura? ¿Los hallaremos en toda la Europa, o acaso en Inglaterra, o en Irlanda? Mucho me temo que no; que si los buscamos por todo el reino, no encontraremos uno solo. ¡Ay del mundo cristiano! ¡Ay de los protestantes, de los cristianos reformados! ¿Quién se levantará conmigo en contra del mundo perverso? ¿Quién se pondrá "de parte de Dios" en contra de los murmuradores? ¿Tú? ¿Quieres con la gracia de Dios evitar que te lleve la corriente? ¿Estás decidido a poner desde este momento y con el auxilio divino, una "guarda a tu boca; una guarda a la puerta de tus labios"? ¿Seguirás desde ahora esta regla: No infaméis a nadie? Si ves que tu hermano hace mal, ¿le redargüirás entre ti y él solo? ¿Tomarás después "uno o dos" testigos, y sólo después de haber cumplido con esto, se lo dirás "a la iglesia"? Si tal es el propósito de tu corazón, aprende esta lección: "No des oído a nada malo de nadie."
Si no hubiera quien prestase oído a la difamación, no habría difamadores. Por consiguiente, si alguien empieza a hablar mal de otra persona, márcale el alto inmediatamente. Rehúsate a escuchar la voz del encantador sin hacer el menor caso de la dulzura de su encanto, de la amabilidad de sus modales, de lo agradable de su voz, ni de las muchas protestas de amistad para la persona a quien está hiriendo en la oscuridad, encajándole el puñal arriba de la quinta costilla. Niégate rotundamente a escucharle, aunque te diga que se siente agobiado por este secreto. ¡Agobiado! ¡Miserable! ¿Te sientes agobiado por este secreto? Ve, pues, quítate la carga de encima como Dios manda. Primeramente, "ve, y redarguye a tu hermano entre ti y él solo;" después "toma contigo dos o tres" amigos mutuos, y en presencia de ellos vuelve a redargüirle. Si ninguno de estos pasos surte efecto, entonces "dilo a la iglesia." Por vida de tu alma, no se lo digas a ninguna otra persona, ni antes ni después, a no ser en el caso especial en que precise absolutamente proteger al inocente. ¿Con qué derecho quieres agobiar a otro, haciéndole que lleve tu carga, que participe en tu pecado?
martes 3 de noviembre de 2009
La libertad de un prisionero

POR DWIGHT L. MOODY
Hace algunos años un hombre dejó Inglaterra y fue a América. Era un inglés; pero fue naturalizado, y así llegó a ser un ciudadano norteamericano. Después de algunos años se sintió intranquilo e insatisfecho, y fue a Cuba; y después de llegar a Cuba, estalló una pequeña guerra civil allí; esto fue en 1867; y este hombre fue arrestado por el gobierno español como un espía. Fue juzgado por una corte marcial, encontrado culpable, y se ordenó que fuera fusilado. Todo el juicio fue llevado a cabo en idioma español, y el pobre hombre no sabía lo que estaba sucediendo. Cuando le dijeron el veredicto en el que fue declarado culpable y que había sido condenado a ser fusilado, se comunicó con el Cónsul norteamericano y con el Cónsul inglés, y expuso todo su caso ante ellos, probando su inocencia y reclamando protección. Ellos examinaron el caso, y encontraron que este hombre a quien los oficiales españoles habían condenado a ser fusilado era perfectamente inocente. Fueron al General español y le dijeron: "Este hombre a quien han condenado a morir es inocente: él no es culpable." Pero el General español dijo: "Él ha sido juzgado por nuestra ley; él ha sido encontrado culpable; debe morir." No había cablegrama; y estos hombres no podían consultar con sus gobiernos.
Llegó la mañana en la que el hombre iba a ser ejecutado. Él fue llevado en una carreta sentado sobre su ataúd, hasta el lugar donde iba a ser ejecutado. Se cavó una fosa. Sacaron el ataúd de la carreta, pusieron al joven hombre sobre éste, tomaron la capucha negra, y la estaban poniendo sobre su cabeza. Los soldados españoles esperaban la orden para disparar. Pero justo entonces los cónsules norteamericano e inglés llegaron. El Cónsul inglés saltó del carruaje y tomó la bandera Británica, y la envolvió alrededor del hombre, y el Cónsul norteamericano lo rodeó con su bandera, y entonces volviéndose hacia los oficiales españoles dijeron: "Disparen sobre estas banderas, si se atreven." Ellos no se atrevieron a disparar sobre las banderas. Había dos grandes gobiernos detrás de aquellas banderas. Eso fue la clave de esto.
"Llevóme a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor... Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace" (Cantares 2:4,6).
Gracias a Dios podemos venir bajo la bandera hoy si queremos. Su bandera de amor es sobre nosotros. Bendito Evangelio; benditas, preciosas noticias. Crea hoy, reciba esto en su corazón; y entre en una nueva vida. Permita que el amor de Dios sea derramado en su corazón por el Espíritu Santo hoy: ello alejará la oscuridad; ello alejará la tristeza; ello alejará el pecado; y la paz y el gozo serán suyos.
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lunes 2 de noviembre de 2009
Ganando almas en una campaña evangelística

Por Jessie Penn Lewis
En cierta ocasión ocurrió una lección especial en la oración, que enseña el modo de conseguir la victoria sobre Satanás. La campaña de misión había llegado a la fase en que el Espíritu de Dios ya había reunido una compañía de unos veintitantos «guerreros de oración», que estaban sentados juntos en el centro de la sala. Pero la batalla era difícil. La población estaba relacionada con la industria del alcohol, y la «atmósfera» parecía bloqueada y dura, presa de una inercia imposible de sacudir. La sala aquella noche estaba llena de gente, las fuerzas de las tinieblas descendieron sobre la reunión con tal intensidad y negrura que nadie podía orar. El grupo de guerreros de oración estaba mudo. El evangelista mismo sentía la presión de modo tan grande que las palabras morían en sus labios, y parecía que el público estaba paralizado. En esta situación se dirigió al Señor exclamando: «Señor, muéstrame el camino de la victoria.» El Señor le contestó inmediatamente: «Toma la espada del Espíritu y corta...» «Señor, ¿qué espada del Espíritu debo tomar?» Y se le contestó: Apocalipsis 12:11. Ante ello el evangelista, de rodillas, y repitió en alta voz: «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.» Y lo repitió una y otra vez, hasta que de súbito todo el grupo de oración, sentado en medio del público, pro¬rrumpió simultáneamente en una oración de victoria.
Parecía que se había rasgado la oscura nube, cortada en dos por la «espada» de Apocalipsis 12:11, y habían alcanzado el Trono de victoria, y luego, a través de los cielos abiertos descendió sobre toda la congregación el poder del Espíritu Santo. De todos lados surgieron almas que pasaron adelante buscando a Cristo, y los obreros estuvieron ocupados con numerosas personas en estado de ansiedad por la salvación de sus almas hasta más tarde de la una de la madrugada, sin poder abandonar la sala.
«¡Corta!» ¡Cuan poco entendemos la «campaña» y el camino de la victoria! Nos damos cuenta una y otra vez de la densidad de la atmósfera, y de la consiguiente dureza de la gente. Pero, hemos mirado «la carne y sangre», y nos hemos ido diciendo: «ese lugar es demasiado difícil». El mismo Señor nos enseña los secretos de la campaña en los lugares celestiales. El es el Señor, «poderoso en batalla». Es este «corta» con la espada del Espíritu, que los guerreros de oración tienen que entender para abrir paso al mensaje de la Cruz por todo el mundo. Todos los que proclaman el victorioso mensaje de la Cruz necesitan la fuerza de la oración ante el trono para «cortar», o sea, abrir el camino a la verdad y alcanzar los corazones de los oyentes.
Ahora necesitamos la ORACIÓN. La oración corta y se abre paso a través de todas las densas fuerzas del mal en la atmósfera que impedirían el mensaje, y activamente se oponen en toda alma en la cual el mensaje empieza a obrar con energía divina. Hay que «preparar» el «camino del Señor», «abriéndole paso» por medio de la oración de su pueblo.
APOCALIPSIS 12:11 tiene que ser la espada del Espíritu usada en favor del mensaje. «¡Señor, enséñanos a orar!»
lunes 26 de octubre de 2009
NUESTRO CLAMOR DEL CORAZÓN POR UN AVIVAMIENTO

Un Ayuno Nacional en Gran Bretaña por Libertad.
John Wesley cuenta en su diario escrito en 1756 que el rey de Inglaterra proclamó un día solemne de ayuno y oración cuando los franceses amenazaban con invadirles. Wesley escribió:
El día del ayuno fue un día tan grandioso, como rara vez lo ha visto Londres desde la Restauración. Cada iglesia en la ciudad estuvo más que llena, y una solemne seriedad se apoderó de todas las caras. Ciertamente Dios escucha las oraciones, y habrá una prolongación de nuestra tranquilidad. Luego en una nota al pie añadió: “La humildad se convirtió en un regocijo nacional, cuando la amenazante invasión por los franceses, fue abortada.”
¿No habrá ordenado Dios que su máxima bendición venga a su iglesia hasta cuando nos mantengamos en oración con intensidad y ayuno? Esta clase de oración intensificada es el ayuno. Es un símbolo de exclamación al final de una frase “Tenemos hambre que tú Oh Dios, vengas en poder.” Es un clamor con nuestro cuerpo, no solo con nuestra alma: “¡Realmente lo afirmo Señor! Tengo tanta hambre de ti. Deseo tu manifestación mas que la comida.”
Dios se ha placido en establecer la oración para preceder y ser instrumento de misericordia; y Él se agrada en hacer misericordia en respuesta a las oraciones, como si fuera regido por estas. Cuando el pueblo de Dios es llevado a orar, es por motivo de sus intenciones de mostrar misericordia, así que derrama su Espíritu de gracia y súplicas.
Jonathan Edwards
Extracto del libro “Hambre Por Dios. Deseando a Dios por medio del Ayuno y la Oración de John Piper
jueves 22 de octubre de 2009
¡Sométete a la voluntad de Dios!

El único sobreviviente de un naufragio logró evitar la muerte nadando a una islita totalmente deshabitada. Oró fervientemente que Dios le rescatara, y todos los días sus ojos escudriñaban el horizonte, esperando ver algún barco, pero no venía nada ni nadie.
Débil y desconsolado, al fin logró componerse una chocita de las ramas que se hallaban en la playa, a fin de tener un lugar dónde protegerse de la lluvia y del viento, y dónde guardar sus pocas pertenencias.
Un día, después de ir en busca de comida, regresó a su chocita y halló que se estaba quemando. El humo del incendio subía al cielo en una gran columna blanca.
Le había tocado duro al pobre. Ya no le quedaba nada. Todo se había perdido. Se quedó angustiado y afligido ante la escena. Se llenó su alma de amargura e ira.
—¡Dios! —clamó él—. ¿Por qué me has tratado así?
Pero a la siguiente mañana, muy temprano, le despertaron los ruidos de un barco que venía acercándose a la tierra. ¡Había venido para rescatarle!
—Pero, ¿cómo sabían ustedes que me encontraba yo aquí? —preguntó el infeliz a los navegantes.
—Pues, vimos su señal pidiendo socorro —le contestaron.
—¿Qué señal? —preguntó el hombre, perplejo.
—Aquella gran columna de humo que se veía desde lejos —fue su respuesta.
viernes 16 de octubre de 2009
¡Pero mis ojos y mi corazón se dirigen hacia Jesús!

(Lo siguiente es del diario de John Newton)
El 1 de enero, 1773
Este es el noveno año nuevo que he visto en esta iglesia. Tengo razón en decir, “¡El Señor corona a cada año con su bondad!” La entrada de este año me encuentra a mí y a mi querida Mary con salud y paz. Todavía estoy favorecido con fuerza, y con algo de libertad en mi tarea pastoral, y espero que el Señor todavía se agrade en utilizarme como instrumento, para edificar a Su pueblo, y para despertar a los pecadores perdidos.
Pero en cuanto a mi…
Mi uso de gracia está débil,
Mis consolaciones pocas,
Mi corazón lleno de maldad,
Mis cargas principales son, una imaginación salvaje no gobernada, y una voluntad rara, pecaminosa que se rebela en contra de leer las Escrituras y hacer oración en secreto.
Estas han sido mis quejas por muchos años ya, y no tengo porque quejarme menos que antes. ¡Pero mis ojos y mi corazón se dirigen hacia Jesús! Suyo soy; a Él deseo servir; a Él, quisiera dedicarme y rendirme de nuevo, hoy.
O Señor, acepta, apoya, protege, enseña, consuela, y bendíceme. Sé tu…
Mi Brazo,
Mi Ojo,
Mi Gozo y
Mi Salvación.
Mortifica el poder del pecado – y engrandece la imagen de su santidad en mi corazón. Úngeme con aceite fresco, hazme mas humilde, fiel, diligente y obediente. Permíteme atender en todas las cosas…
A Tu Palabra como mi regla,
A Tu gloria como mi fin, y
A depender en Tu poder y promesa para mi seguridad y éxito.
Ahora estoy en el año 49 de mi vida, y puedo esperar que dentro de pocos años por lo mucho, iré a un lugar de donde jamás regresaré; ni tengo la certeza de seguir aquí solo un año ¡ni un mes, ni un día! Que tu gracia me guarde para siempre hasta mi cambio designado venga, y cuando me venga el citatorio, que pueda ser capacitado para regocijarme en ti, ¡como la fuerza de mi corazón y como mi porción para siempre!
John Newton (24 de julio de 1725 - 21 de diciembre de 1807), es un autor inglés de himnos conocido cristiana: "Amazing Grace" ("Sublime Gracia").
SUBLIME GRACIA
Sublime gracia del Señor,
que a mí, pecador, salvó.
Estuve ciego mas hoy veo ya,
perdido y Él me halló.
Su gracia me enseñó a temer,
mis dudas ahuyentó.
¡Oh, cuán precioso fue a mi ser,
cuando Él me transformó!
En los peligros o aflicción
que yo he tenido aquí,
Su gracia siempre me libró,
y me guiará feliz.
Y cuando en Sión por siglos mil
brillando esté cual sol,
yo cantaré por siempre allí
Su amor que me salvó.



